¿Memoria histórica o maniobra de distracción?

La Ley de Memoria Histórica y su aplicación en los callejeros y espacios públicos de las ciudades se ha convertido en arma arrojadiza en los últimos meses. ¿La razón? Tal vez solo los políticos conozcan las suyas, pero a veces parece solo una burda manera de dirigir los ojos de los ciudadanos hacia otro lado.

La Gran Vía madrileña era no hace muchas décadas la Avenida de José Antonio y nadie recuerda ninguna polémica por el cambio de denominación. Tampoco cuando a la mítica estación de Sol se le añadió el bonito sobrenombre de una célebre marca comercial de telefonía, claro, que en este caso estaba bien pagado, como para no verlo con buenos ojos.

¿Entonces por qué tanto barullo por el cambio de algunos nombres del callejero? Ni para bien ni para mal, ni dando la razón a unos o a otros. Es una discusión que parece no llevar a ningún sitio. A estas alturas pocos podrían decir quién fue el general Fanjul, seguramente haya quien lo sitúe en la época de los Reyes Católicos y no en la dictadura ¿Hay que cambiar el nombre de la avenida? Seguramente sí, pero sin hacerse cruces ni por cambiarlo ni por dejarlo, si fuera el caso.

Hay miles de ejemplos de cambios de denominaciones en los callejeros que se han hecho por gobiernos de todos los colores y las únicas protestas (a las que por cierto, nunca se hizo caso) fueron las de los vecinos de esas calles, obligados a cambiar toda la documentación en la que aparecían sus domicilios. Y lo ilustramos con un ejemplo: en Alcorcón, la avenida de la Libertad cambio de nombre para pasar a llamarse avenida alcalde Joaquín Vilumbrales y, al poco tiempo, de nuevo avenida de la Libertad ¿A qué tanto cambio? Simplemente a las decisiones de gobiernos municipales de distinto color.

¿Entonces por qué ahora tanta polémica? Pues algún mal pensado podría pensar que se trata solo de maniobras de distracción.

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