Yacimiento Closos de Can Gaiá

Este yacimiento de carácter arqueológico está ubicado en España, especialmente en Mallorca, en el poblado de Portocolom. Aparentemente durante la prehistoria las estructuras que se encuentran acá eran muy numerosas, y es que en los alrededores se pueden contemplar numerosos restos de los que se han identificado como muros de origen Ciclopco. La distribución de estas estructuras está dispersa, y se piensa que datan de unos 1700 años antes de Cristo, justo en los inicios de la llamada Edad de Bronce, este poblado formado de naviformes tuvo habitantes hasta el año 850 antes de Cristo; sin embargo hay evidencias de que ha habido una ocupación esporádica de esta población que hoy es una joya de la arqueología; entre otras, se puede destacar la utilización durante la famosa ocupación bizantina de las baleares.

Este yacimiento tiene unas características particulares, por cuanto tiene unas dimensiones amplias, y el acceso es bastante fácil, por lo cual se han podido realizar bastantes investigaciones. Los terrenos que rodean el yacimiento se caracterizan por la existencia de arcillas rojas, y es que el yacimiento está ubicado a menos de un kilómetro de la cosa. Se puede encontrar una pluviometría bastante reducida, lo cual es una estampa de su condición climática, este fenómeno trae como consecuencia que la vegetación que crece en el yacimiento cuenta con pocos pinos, y es que la mayoría de la vegetación de esta zona se ha visto destruida por los trabajos de tipo agrícola que se han realizaron hasta la mitad del siglo veinte en esta zona.

Sin duda este yacimiento que cuenta con 5 conjuntos arqueológicos es una joya de la arqueología que por su fácil acceso ha permitido una constante exploración he investigación. Ubicado en la Isla de Mallorca también es un considerable atractivo turístico de España, que atrae un público turístico distinto al comúnmente atraído a esta Isla. Durante muchos años se han llevado a cabo investigaciones que siguen brindando más y más detalles sobre este yacimiento.

La guerrilla antifranquista, los maquis

Con la llegada del régimen franquista, cualquier tipo de oposición o disidencia quedó finalmente aniquilado o apartado. La unidad en torno al dictador Franco fue la estrategia llevada a cabo por los poderes fácticos de la nación española, que llevaría una cruenta e implacable persecución contra todo aquella que cuestionase la nueva corriente autoritaria. La muerte, el exilio, la cárcel, el hambre o la supervivencia en condiciones heroicas fue el escenario que se dibujó para los republicanos.

Sin embargo, en los años posteriores al final de la Guerra Civil quedó aún viva una guerrilla antifranquista conocida como ‘maquis’, todo un símbolo de la resistencia cuando todo estaba perdido, un ejemplo de dignidad y de un carácter irreductible y utópico. La capacidad de acción real del maquis fue muy limitada, dado el escenario extremadamente adverso que se les presentaba.

No obstante, el maquis se mantuvo activo durante más de dos décadas, con la España rural y la clandestinidad como lugares que acogían su actividad. Los guerrilleros antifascistas establecidos en las montañas de España permanecieron durante una década con la esperanza de que algo cambiara o de que alguna ayuda exterior llegase, alentada quizá por los hipotéticos acontecimientos favorables de la Segunda Guerra Mundial.

Pero fue el propio Stalin quien en la segunda mitad de los años cuarenta dejó claro que debía desmantelarse la guerrilla comunista de España. El fracaso en la invasión del Valle de Arán, las muertes de muchos combatientes del maquis, la ofensiva de la Guardia Civil contra ellos y la reticencia del líder del PCE, Santiago Carrillo, a que continuara esta lucha fueron algunos de los motivos que propiciaron el derrumbe final.

No fue hasta las muertes de Ramón Vila y de José Castro, ya en la década de los sesenta, cuando el maquis acabo por extinguirse por completo. En zonas de Galicia, León o Asturias, el empuje del maquis mayor, aunque lamentablemente no sirvió para cambiar el desenlace de la Historia de España.

El caracter funerario

Los túmulos y demás construcciones con carácter funerario que se dan en Mallorca al finalizar el segundo milenio antes de Cristo acaban por derivar en lo que conocemos como centros ceremoniales. La espiritualidad, el ritual, la expresión monumental y artística de la época, la convivencia con la muerte y la manifestación espontánea de la cultura talayótica conviven en estos centros ceremoniales, que se nutren de este agrupamiento de creencias.

Algunos de estos centros ceremoniales dan lugar a los pequeños grupos de turriformes, como son los talayotes o los túmulos escalonados. Estas construcciones, con tendencia a representar torres no muy elevadas, se distribuyen por todo el territorio de la isla de Mallorca y suelen servir como frontera para delimitar unos poblados de otros.
Otro tipo de centros ceremoniales es el que exhibe una alineación de torres por una extensión continua de terreno. Así, no resultaba extraño encontrar centros ceremoniales en los que hasta siete monumentos turriformes se extienden en una longitud de aproximadamente más de medio kilómetro. Talaiot_oest_de_Cornia_Nou_(Menorca)

Todo hace indicar que en estos centros ceremoniales tenían lugar las celebraciones que afectaban a los miembros de la comunidad o el poblado. Allí podrían haberse organizado rituales de paso, ceremonias para que los jóvenes de diferente sexo entablasen una relación previa al matrimonio -se aseguraban así la proliferación de sangres de diferentes ramas familiares-, citas para arreglar entuertos y saldar satisfactoriamente disputas, eventos en los que discutir el calendario para las siembras, las colectas o las cacerías, etc.

No hay que olvidar la presencia también de los santuarios, que podían ser reconocidos por el hecho de que sus dos esquinas traseras permanecían bien redondeadas. Los santuarios del interior de los poblados eran más bien pequeños; disponían además en sus entrañas de una columna que debía estar lo más centrada posible. Los santuarios de fuera de los poblados eran mucho mayores y contaban con varias columnas. La Necrópolis de Son Real es la prueba de que también fue construido un cementerio en la época.

Sa Caleta, un poblado fenicio en Ibiza

Esta población fenicia es un ejemplo del urbanismo de éstos en el mar Mediterráneo, y es que además consiste en la muestra más relevante del principio de la época en que se desarrolló la colonización de Pitussas por parte de los fenicios, dándose el origen de esta ciudad. Este poblado se considera desde el último año del siglo pasado, como Patrimonio de la Humanidad.

Hasta el final de la década de los 80 no se descubrió este poblado, por cuanto éste fue uno de los últimos yacimientos en ser excavados en Ibiza; se cree que los fenicios que se asentaron en la isla podían estar en la búsqueda de metales, y la fecha aproximada en que llegaron y fundaron este poblado es la mitad del siglo séptimo antes de Cristo. La población de este pequeño poblado llegó a ser de 300 personas que se desarrollaron durante unos 40 o 50 años en la isla. Este poblado está ubicado entre el Puig des Jondal y la playa llamada Codolar.  De hecho, llegó a ocupar 4 hectáreas de terreno, teniendo una diversidad de construcciones que la formaban, y es que una de las razones que ha convertido a esta pequeña población fenicia en patrimonio de la humanidad es el hecho de que se mezclaron distintos estilos arquitectónicos, convirtiéndose en una ciudad única en la cual predominaban las callejuelas muy estrechas, y la existencia de plazas bastante pequeñas que eran inconsistentes. Dentro del barrio sur de este poblado se puede observar esta diversidad mencionada, por cuanto está formado por 8 construcciones que varían formas y tamaños; además de que sus usos varían bastante, una de ellas se estima haya sido un almacén para poder guardar la extracción de sal de las salinas que existen en la isla.

El final de esta pequeña población llegó en el sexto siglo antes de Cristo, cuando sus pobladores se trasladaron en su totalidad hacia el lugar donde existe hoy en día la capital de Ibiza, en su bahía.